domingo, 28 de septiembre de 2008

Palabritas

Parole
Palabras que van, palabras que vienen… ¿De dónde viene? ¿A dónde van? Dicen que en el principio fue el logos… Y a partir de ahí emprendió un viaje sin fin, en busca del significado... (y del significante?) Es así que los seres humanos usamos la palabra, “tomamos” la palabra o con un poco de viento a favor nos “dan” la palabra… Algunas vienen solas, se dicen solas y en soledad… Otras veces el logos se comparte, cruza las fronteras de la subjetividad (y las otras, fronteras también) y se convierte en diálogo.
Hay palabras de amor. Palabras para declarar: el amor, la guerra (¿o acaso van juntas?) Hay palabras que te hacen la persona más feliz del mundo… Así como las hay de armas, que hieren, que destruyen, que se sufren, que duelen. A veces duelen más esas palabras que la realidad misma a la que refieren.
Para algunas ocasiones hay palabras de aliento, consuelo, esperanza. Otras veces, según la cara del cliente, son las vías para la más perfecta manipulación. Espejitos de colores, engaños, mentiras, ilusiones… lo que se quiera escuchar.
En una época, las hubo de honor, (¡vaya palabra!) Todo un don. Y eso bastaba.
Hay palabras que identifican, acercan, unen, (¿para toda la vida?) Enraízan y enlazan. Palabras que se confidencian, y a la vez distancian.
Hay palabras decisivas, que tienen poder: el poder cambiar una vida, de marcar un rumbo, de signar un destino, el poder para jurar y conjurar. Poder para sanar. Poder para creer. Pero no encontré unas que tengan poder para olvidar.
Hay palabras que salvan y otras que condenan. Delatoras… Detractoras. Palabras que hacen la historia y la Historia (La mía, la tuya, la nuestra).
Palabras que revolucionan y que hacen la revolución (aquí, allá, más allá). Palabras que inician (había una vez), que inauguran. Nacen. Crecen. Se reproducen (¿?). Mueren. Matan.
Otras te hacen vivir. Sobrevivir. Sobrellevar (también los miedos).
Palabras que alimentan sueños. De sueños. Palabras que crean mundos, infinitos mundos posibles. De ficción. De realidad. Quién da más?
Hay palabras que silencian y otras que hay que silenciar. Invisibles. Pero están. Im-posibilitan, te dejan mudo, y te llevan al común denominador: “sin palabras”. Zacarías de ayer y de hoy.
Hay palabras que te abren los ojos, esas vienen en concentradas dosis de “verdad”, caen como una visita sin previo aviso. Siempre se agradece… Aunque no hayan “palabras para agradecer”.
Todas vienen vestidas, a veces revestidas, de tonos y tonadas, de formas, de grafías, de ideas (y logías). Y quizás con mucha paciencia y buena voluntad logremos desnudarlas.
Palabras más, palabras menos, pero hay Uno, sólo Uno, que tiene palabras de “vida eterna”. Y su Palabra es más cortante que cualquier espada de doble filo, pero viva y eficaz: “penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4,12).
¡Yo quiero Esa palabra!